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Autor: André Sobczak *

La crisis del COVID-19 ha causado un dramático impacto en el mundo de los negocios. Para apoyar a las empresas, los gobiernos han invertido montos de dinero nunca antes vistos. No obstante, para asegurar el rendimiento de empresas a largo plazo y un beneficio para nuestra sociedad, es fundamental que estos fondos sean utilizados para reformular los modelos y las estrategias de negocios, dando absoluta prioridad a los aspectos ecológicos y sociales.

La crisis ha demostrado que los negocios que ya habían considerado los desafíos sociales y medioambientales, han sido más resilientes durante la pandemia, y generado una relación de mayor confianza con sus accionistas. Las empresas con un buen diálogo social han demostrado mayor agilidad a la hora de adaptarse a las nuevas condiciones de trabajo y de organización. Quienes habían incursionado en el teletrabajo en el pasado, tenían una base a partir de la cual construir.

De la misma forma, las empresas que trabajaban principalmente con proveedores locales y que habían desarrollado una relación de confianza con ellos, no han sufrido un impacto tan negativo con el cierre de fronteras internacionales con respecto a las empresas que contaban con cadenas de suministros globales y con un enfoque a corto plazo centrado en a la reducción de costos.

Estudios recientes revelan que durante la crisis, las empresas que implementan una sólida política de responsabilidad social empresarial y que respetan a sus accionistas han logrado mejores resultados que aquellas que no lo hicieron. Por tanto, hoy más que nunca es el momento para que las empresas reflexionen completamente acerca de sus modelos y estrategias de negocios y consideren comprometerse a generar un impacto positivo en el planeta y en la sociedad, no a modo de restricción, sino como un factor de crecimiento para alcanzar ganancias a largo plazo.

Sin dudas, la crisis destaca la necesidad de un cambio y la voluntad de los accionistas a tomar acción. Por ejemplo, durante la pandemia, los clientes han demostrado interés en los productos locales fabricados de forma responsable. Los accionistas también han mantenido o inclusive fortalecido su apoyo hacia las empresas comprometidas con el desarrollo de soluciones que no afecten al medio ambiente y con la sostenibilidad.

Dada la experiencia con COVID-19, cada vez más inversionistas comprenden la necesidad urgente de integrar las expectativas de sus empleados, sus clientes y de la sociedad civil para así mantener la licencia de funcionamiento de la empresa y están dispuestos a realizar una inversión para llevar adelante esa transición, aun cuando esa inversión pueda afectar sus ganancias a corto plazo.

Por último, los gobiernos también necesitarán aumentar la presión sobre las empresas para fomentar el cambio, demandando seguridades a nivel social y ambiental a cambio de su apoyo financiero. Si no aprovechamos esta oportunidad hoy, puede que luego sea demasiado tarde.

Ya no es suficiente que las empresas tomen pequeños pasos para mejorar el impacto social y ambiental de sus actividades. Necesitan detener inmediatamente cualquier actividad que no cumpla con las metas de cambio climático establecidas por el Acuerdo de París, y que destruya la biodiversidad o vaya en contra de los principios de justicia social. También deben desarrollar nuevas rutas para crear valor para todos los accionistas y cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Una transformación de este tipo impacta en todos los aspectos de los negocios. Esto supone que las empresas deben volver a analizar sus cadenas de suministro para garantizar que todos sus proveedores y subcontratistas se alinean con esas metas, pero además para ver si es preferible contar con más proveedores locales para minimizar el uso del transporte y reducir las emisiones de carbono. Esto supone que las empresas tienen que diseñar sus productos de forma responsable, asegurando un uso limitado de materia prima y energía, mejorando las tasas de fallos y creando un modelo económico basado en servicios que promueva el uso del mismo producto por diferentes usuarios y por un tiempo mayor.

Esto supone que las empresas necesitan reconsiderar cómo sus productos y servicios se utilizan y medir su sostenibilidad. Por último, esto supone que las empresas deben redefinir su visión, misión y en ocasiones su estatus legal para asegurarse que los gerentes creen valores sostenibles en lugar de preocuparse por el rendimiento financiero a corto plazo.

Los gerentes están en el centro de este tipo de transformaciones. Y para asegurarse que la visión sea implementada, necesitan un plan de acción concreto y sólido. Los gerentes necesitan representar esa nueva visión y comunicar a los diferentes accionistas. Es fundamental que inspiren a todos los empleados, desde investigación y desarrollo hasta producción y marketing, contabilidad y recursos humanos. Por último, necesitan construir y fortalecer las asociaciones con otros accionistas públicos y privados para acelerar la transformación, aun cuando a veces esto signifique colaborar con competidores. Es crucial que los gerentes desarrollen las habilidades necesarias para tal cambio, lo que significa que las escuelas de negocios también necesitarán someterse a una profunda transformación y considerar sus programas académicos.

La agenda y los márgenes de tiempo son extremadamente ambiciosos. Pero no tenemos opción. Y juntos podemos conseguirlo. La crisis del COVID-19 ya nos ha demostrado que trabajando unidos podemos enfrentarnos a enormes desafíos y adaptar los modelos existentes en tan solo unas pocas semanas. Si somos capaces de hacer esto para luchar contra el virus, tenemos la capacidad de hacerlo para dar solución a los enormes problemas sociales y ambientales que necesitan urgentemente de nuestra atención. ¡Empecemos hoy mismo!

(*) Vicedecano de Docencia e Investigación, miembro de la cátedra de Responsabilidad Social  Empresarial, Escuela de Negocios Audencia.

 

 

 

 

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Last modified on 2020-08-26

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