2017: herencia de ajuste y fragilidad monetaria.

Edición 271 – Enero / Febrero 2017.

Por María de la Paz Vela Z. 

El modelo económico del régimen ha sido devastador para las finanzas públicas, pues no escatimó en gastos durante una década. Desde la apreciación del dólar y la caída de los precios del petróleo en 2015, la falta de recursos del Estado ha golpeado por dos años a los sectores productivos. La cadena de impagos y el bajón de la actividad económica han tenido implicaciones en el empleo. En su intento por financiar el creciente déficit, el fisco ha accedido a financiamiento externo por montos superiores a 28% del PIB a costos elevados y ha contraído obligaciones domésticas por al menos 19% del PIB, incluyendo crédito del Banco Central del Ecuador (BCE), institución que se convirtió en prestamista de los recursos de los que es custodio, por un monto superior a los $ 4.200 millones, ¡más de 4% del PIB! Este conjunto de políticas introduce riesgo en el sistema dolarizado debido a que el BCE no puede emitir dólares, sembrando dudas en los agentes sobre la solidez monetaria. El profundo desajuste fiscal, que deja como herencia el régimen, obligará en 2017 y los años venideros a severos ajustes y la inescapable reestructuración de la deuda pública, y eso con ingresos petroleros futuros ya gastados y la fragilidad de la dolarización, que se origina en el rol prestamista del BCE. El decrecimiento del PIB en los últimos dos años es la muestra de un modelo en decadencia y el peor resultado del siglo.

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